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¡Del Infierno a la Gloria!

  • By Philip Anicet
  • / Mar 15, 2017
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Su vida era un círculo vicioso de fallos y desilusiones hasta que oró con el Agua de la Mañana y las Calcomanías de la Unción.

Todo empezó cuando era solo un niño. Tenía ocho años, seguramente demasiado pequeño para darse cuenta de la monstruosa fuerza demoníaca que había entrado por la puerta de la casa familiar. No obstante, Anicet Philip aún recuerda cómo «algo» ocurrió que «cambió su hogar y lo hizo pasar de ser un lugar de felicidad a un pozo de calamidades. Teníamos unas pesadillas horribles, y nos acuciaba la pobreza más extrema. Llegamos a ser mendigos, incapaces de comer siquiera una vez al día».

 

Navegaba en aguas turbulentas, y durante décadas las fuerzas diabólicas lo acosaron. Su vida era miserable, ensombrecida por un poder oscuro que había jurado no permitir que hiciera progreso alguno. «Nada me salía bien».

 

Todo hombre necesita a una mujer, dice el dicho, y Anicet no era una excepción, de modo que probó el matrimonio. ¿Se hizo realidad su sueño? Nada más fácil de adivinar: «Me casé, pero después de un poco todo se vino abajo. Me quedé solo con mis hijos. No tenía dónde vivir, e incluso el pésimo trabajo que tenía lo perdí. Comencé a sobrevivir de la caridad de los amigos. Dado que no tenía donde reposar la cabeza, acabé durmiendo en la terraza de uno de mis amigos, hasta que también él se deshizo de mí. Había llegado al final del camino. Recogí las cuatro cosas que me quedaban y me puse en camino hacia el pueblo en el que mi madre vivía».

 

A pesar de que la pesadumbre lo atenazaba, él seguía aferrándose a la esperanza de que su situación pudiera revertirse mediante la intervención de la poderosa mano de Dios. En abril de 2016, estuvo en la Sinagoga, Iglesia de Todas las Naciones (SCOAN), donde recibió el Agua de la Mañana y las Calcomanías de la Unción, y de vuelta en Tanzania, comenzó a orar con todo ello.

 

En septiembre, cinco meses después, Anicet experimentó toda una convulsión: «Dios me proporcionó dinero milagrosamente. Pude comprar lo que necesitaba para la casa, alquilé un apartamento de tres dormitorios y me compré un coche. Ese mismo año, en Diciembre, conseguí un buen trabajo en una empresa potente que me pagaba un buen salario. ¡Un salario como no lo había ganado en mi vida!»

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