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¡El Fracaso se Rinde ante el Éxito tras la Ministración del Agua de la Mañana!

La señora Keisha estaba convencida de que iba a fracasar. Su marido, Keithlind Bynoe, se presentaba también a un examen por cuarta vez. Cuando la fecha para ambos exámenes se acercaba, estando los dos enfermos, se dieron cuenta de que «el enemigo intentaba limitarlos». Pero esta pareja de San Vicente y Las Granadinas que cursaba sus estudios en Trinidad, se había ministrado el Agua de La Mañana. Veamos cómo terminó todo.

«Quiero darle las gracias a Dios por lo que hizo por mi marido y por mí, una vez nos hubimos ministrado el Agua de La Mañana. Tuvimos el privilegio de recibir este objeto espiritual a través de una señora que hizo el viaje a La Sinagoga, Iglesia de Todas las Naciones (SCOAN) unos meses antes. Recibimos el Agua de La Mañana el domingo 5 de junio de 2016 cuando visitamos la congregación y, a partir de ese momento, nos la ministramos confiando que Dios nos liberaría, y que tendríamos éxito en los exámenes programados para los días 7, 8 y 9 de junio.

 Ambos estamos estudiando en el Consejo Africano de Enseñanza de la Comunicación (CAEC), mi marido se presentaba por cuarta vez a uno de los exámenes y yo tenía dos por delante. Antes de recibir el Agua de La Mañana, tuvimos que enfrentarnos a varios desafíos: tres semanas antes de la fecha, yo me constipé y tenía fiebre, con lo que me vi obligada a que dejar de estudiar. Una vez me hube recuperado, había perdido las ganas de seguir estudiando, pero perseveré. Unos días después de este incidente, mi mano derecha comenzó a quedarse inmovilizada y torpe, lo que me dificultaba enormemente practicar para las preguntas a las que debería responder en los exámenes, ya que soy diestra. Entonces me di cuenta de que el enemigo estaba intentando limitarnos. Oré pidiendo la sanación para mi mano y no dejé de estudiar a pesar de todo.

 Cuando llegó el día del examen, me pidieron que contestara obligatoriamente a una pregunta y que eligiera luego dos de otras tres. La pregunta de respuesta obligatoria versaba sobre un tema al que yo no había prestado demasiada atención, y en las otras tres, había también una que no tenía bien preparada. Pero tenía que enfrentarme a ello, así que salí del examen convencida de que tendría que volver a presentarme porque iba a suspender.

 En el segundo examen, no terminé de contestar todas las preguntas, de modo que no estaba segura de cuál iba a ser el resultado, pero esperaba aprobar aunque fuera muy justo. Un día, estaba hablando sobre el primer examen, el que yo creía haber suspendido, cuando sentí con el corazón que alguien me regañaba: era el Espíritu Santo, que me instaba a cambiar mis creencias.

 Mi marido y yo, siendo estudiantes, disponíamos de poco dinero. Si habíamos suspendido, tendríamos que volver a pagar los derechos para poder volver a examinarnos, lo cual se tragaría el setenta y cinco por ciento del dinero de que disponíamos. Habría sido un verdadero revés porque teníamos otros gastos de los que ocuparnos.

 El 17 de julio recibimos los resultados, y cuál sería nuestra sorpresa al descubrir que ¡habíamos aprobado! Había aprobado el que más miedo me daba con un cinco, la mínima nota. ¡Estaba tan sorprendida! No me lo podía creer, y en aquel momento me convencí de que había sido un milagro de Dios, que siempre sea loado.

 Por otra parte, mi marido había sacado un 5,9 de porcentaje de aciertos, a pesar de haber respondido solo a un 81 por ciento del total de preguntas, de modo que los dos supimos de inmediato que habíamos contado con la intervención de Dios. Mi esposo sentía vergüenza de haber tenido que presentarse tantas veces al mismo examen para aprobar, pero aun así, había perseverado y en la actualidad, Dios ha borrado ese sentimiento de vergüenza.

 El Señor sea loado por habernos concedido esta inconmensurable felicidad. ¡Emmanuel! Nuestro Dios es bondad».

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