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«Mi médico confesó que no había nada más que él pudiera hacer».

  • By edem024
  • / Mar 21, 2017
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Enferma hasta la muerte, desahuciada por su médico, Mabel Wagba, un ghanesa, consigue reescribir su destino en la Línea de Oración de la Sinagoga, Iglesia de Todas las Naciones (SCOAN).

Había oído al médico decir muchas cosas. Pero no estaba preparada para esto. Parado a su lado, se agitó con su estetoscopio. Parecía que estaba evitando sus ojos. «Señora. Mabel Wagba», comenzó. Ella esperó. «Debo confesar, que no hay mucho que creo que podamos hacer para salvarla», concluyó.

El silencio cayó sobre la habitación. En la mente de Mabel había comenzado a acumularse una tormenta de confusión, amenazando desencadenar en su alma ondas de desesperación.

El médico no había terminado. Se aclaró su garganta. Sus palabras siguientes provocaron lágrimas en los ojos de Mabel. «Señora Mabel, le aconsejo, bajo estas circunstancias, que recurra a la oración. Creo que cuanto antes empiece, mejor.»

Ella lo comprendió completamente. Era el cruce que más temía. Ahora, había llegado hasta allí. El viaje duro comenzó cuando su esposo regresó a casa una noche de junio. El aroma del plátano frito que traía le hacía cosquillas en las fosas nasales. A los ojos, parecía atractivo. Para el estómago, no lo era. Mabel se despertó a la mañana siguiente sintiéndose terriblemente molesta en su estómago. Era el comienzo de los dolores; una pesadilla que atormentaría su cuerpo durante meses.

«Apenas podía comer nada», dijo. «Perdí mucho peso. Recibí infiltraciones intravenosas con frecuencia, para ganar energía. También me diagnosticaron que tenía presión arterial alta y siempre estaba visitando el hospital cada semana, para estabilizar mi condición. Yo estaba tan débil que no podía levantarme. No podía realizar ninguna tarea doméstica. Mi madre tuvo que ayudarme con el cuidado de los niños. A medida que mi salud se deterioraba aún más, ella se volvió incapaz de soportar la carga y falleció en septiembre de 2015. »

Mabel comenzó el salto de pánico yendo de un lugar de oración a otro, la fea sombra de la muerte perseguía cada movimiento que hacía. Cuanto más oraba, al parecer, más el problema asolaba su problemática realidad.

El 18 de abril del 2016. A un tiro de piedra de la tumba, una mujer de aspecto frágil esperó pacientemente su turno para recibir oración en la Sinagoga, Iglesia de Todas las Naciones (SCOAN). Un hombre se movía avanzando por una línea de personas, ministrando bajo la unción del Espíritu Santo. Tocaba las cabezas de algunos. En otros, daba un golpecito en el hombro, el estómago, la pierna … Había algo inusual en su contacto. Ella veía a las personas alzando sus manos al aire, testificando que habían sido sanados sin saber que al instante, ¡ella también lo estaría!

¡Entonces el hombre la tocó!

No tenía que preguntarse más. ¡Ella sintió una corriente de poder a través de todo su cuerpo! Al instante supo que algo había sucedido. ¡Ella había sido sanada! ¡Doce meses de dolor habían llegado a su fin, de repente!

«¡A Dios sea la gloria! Me pusieron en la Línea de Oración, después de una sesión de consejería. ¡Fue donde mi destino fue reescrito! Doy gracias al Señor Jesucristo, y a su humilde siervo», testificó Mabel. Desde ese encuentro Divino, ¡el apetito de Mabel fue notablemente restaurado! Comenzó a recuperar peso y regresó a todas las actividades que había abandonado previamente, debido al dolor.

 

¿Todavía te preguntas quién la tocó? ¡Jesucristo! ¡A través de la oración del Profeta T. B. Joshua!

¡Ten fe en Dios!

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