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Sanado a Través de Facebook

  • By michaelwealth
  • / Mar 15, 2017
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Un padre de familia enfermo recibe el Agua de la Mañana y se recupera. Dos semanas más tarde, su hijo, que es quien le envió esta prenda espiritual, empieza a experimentar síntomas de una enfermedad similar a la de su padre. Es una batalla y ¡alguien tiene que ganarla!

«Papá está muy enfermo. Lo hemos intentado todo, pero nada funciona. No mejora».

 

El mensaje dejó a Michael muy desconsolado. Él adoraba a su padre, y desearía poder desaparecer de Ghana y reaparecer en Nigeria, junto a su cama.

 

Además, había otra cosa que pesaba y mucho en su ánimo: que debía enviar dinero de inmediato para hacer frente a los cuidados que su padre necesitaba, pero le era imposible. No tenía un céntimo. «Me arrodillé y oré pidiendo una liberación económica», cuenta Michael en su testimonio. «Aquella misma semana, Dios respondió a mi súplica, y pude enviarle una transferencia».

 

Pero cuidar de los enfermos a veces conlleva desafíos, sobre todo cuando quienes cuidan de ellos no pueden tomar decisiones. Fue una lección que Michael aprendió de primera mano: «Le pedí a mi hermana que lo llevase a la Sinagoga Iglesia de Todas las Naciones (SCOAN), En Nigeria, para que pudieran orar por él. En un principio estuvo de acuerdo, pero al día siguiente, había cambiado de opinión».

 

-Hola, Michael –lo saludó.

-Hola, hermana. ¿Qué tal va lo de papá?

-No va a ninguna parte –respondió su hermana con acento de preocupación-. Tu hermano se ha negado.

 

Recordando aquella situación, comentó Michael: «Decidí no discutir porque mi padre vivía con él. Yo solo quería que lo llevaran a La SCOAN para que pudieran orar por él, pero mi hermano me dijo que no quería saber nada. La pena es que consultó con espiritualistas sobre la salud de mi padre, pero ellos no pudieron solucionar el problema».

 

Michael decidió probar una estrategia nueva: corrió a la sucursal de La SCOAN en Ghana, pidió Agua de la Mañana y la envió a Nigeria. Su hermana la recibió y se puso manos a la obra. «Pocos días después, recibí la noticia de que mi padre había sanado y que incluso había podido volver ya a su propia casa», recordó entusiasmado su hijo. «¡Qué felicidad!».

 

Dos semanas después… Michael estaba descansando en el sofá, y de pronto le pareció ver que había agua en el suelo. «¿Cómo ha llegado eso ahí», se preguntó. Fue al baño y volvió con la fregona, y apenas había empezado a recoger el líquido, perdió el equilibrio y cayó al suelo. Fue un golpe bastante fuerte que le dejó la muñeca izquierda dislocada. Aquella misma noche, cuando se fue a dormir, tuvo un sueño muy extraño: soñó con que algunos miembros de su familia en Nigeria le estaban dando de comer.

 

«Así empezó mi enfermedad», relató. Tras unos análisis de sangre, un escáner y el esfuerzo de los médicos, que hicieron «cuanto estaba en sus manos», la enfermedad permaneció en el limbo. El diagnóstico era malaria, pero Michael estaba convencido de que había algo más.

 

«Me di cuenta de que se trataba de algo espiritual. El demonio estaba muy enfadado y yo lo había desafiado enviándole el Agua de la Mañana a mi padre». Michael tenía otra razón para sospechar que el viejo enemigo andaba tras él. «Empecé a manifestar todos los síntomas que mis hermanos me habían contado que tuvo mi padre. A medida que mi salud iba deteriorándose, tuve que empezar a vender cuanto tenía en la oficina para pagar las facturas del hospital».

 

Con sus adversarios cercándole, Michael tenía que pensar en hacer algo rápidamente. Así llegó el servicio de sanación en La SCOAN, Nigeria, el 9 de diciembre de 2016, y el servicio profético el 10 de diciembre. Cuando el hombre de Dios, Profeta T.B. Joshua ministraba en el nombre de Jesús, Michael reconoció que la distancia no es barrera diciendo: «Quiero entrar en contacto con las bendiciones que se están derramando en Nigeria en este instante», y mientras pronunciaba estas palabras colocó la mano en la página de Facebook de la iglesia, convencido de que su desafío había llegado al final.

 

«Aquella noche recibí otra visita»,  relató Michael, y cuando se despertó, le aguardaba una buena sorpresa: «¡El dolor, había desaparecido!».

 

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