CLOSE

¡Un Inspector de Policía de Zambia Rinde Homenaje al Agua de la Mañana!

Su mujer se desplomó. Quedó en el suelo inmóvil, sin respiración, sin pulso. Pero afortunadamente tenía el Agua de la Mañana en casa.

El inspector Royd Kamonga estaba acostumbrado a impartir órdenes a los policías más jóvenes. Tampoco le era desconocido ejercer el control en caso de disturbios. Pero el martes 7 de febrero de 2017 no resultó ser un día parecido a ningún otro. Aquel fatídico día corrió el peligro de hundirse en la pena de no encontrar una autoridad más poderosa que la suya.

 

7:30 de la tarde. Dorcas, su esposa, y una amiga suya se estaban preparando para asistir a un funeral en el barrio cuando entró Royd. Tras un duro día de trabajo en el Puesto de Policía de Manda Hill, estaba cansado y hambriento, de modo que se cambió rápidamente de ropa y cenó en un abrir y cerrar de ojos. A las 11:00, su meida naranja volvió y dio comienzo un extraño drama.

 

-Hola, cariño. ¿Qué tal el funeral? –preguntó.

-Pues triste. Muy triste. Tendrías que haber visto cómo lloraba la familia. Yo tampoco he podido contenerme –refirió Dorcas-. Cariño, estoy un poco mareada.

-¡Vaya! Lo siento. Serán los nervios y la pena.

-No, cariño, no lo creo. Veo un poco borroso.

-Te encontrarás mejor mañana por la mañana, después de haber dormido bien.

Minutos después, Dorcas se sentaba en la cama. Estaba inquieta.

-Me parece que me hace falta tomarme alguna pastilla. Me encuentro peor.

Se levantó. Tenía los calmantes en una estantería, de modo que en dos pasos habría podido alcanzar la caja, pero sus pies se negaban a moverse. De pronto vio la caja como entre nubes, y se preguntó por qué. De nuevo intentó acercarse, y aquella vez, consiguió hacerlo, pero el suelo se le acercaba de un modo extraño. A continuación siguió la pared… el ventilador… el techo… todo… y por último, ¡la oscuridad!

 

Todo ocurrió tan rápido que Royd apenas tuvo tiempo de reaccionar. La mujer que acababa de volver de un funeral cayó en la cama, como si fuera un árbol arrancado de cuajo por un viento feroz.

 

«Se quedó inmóvil. Creía que sería algo sn importancia, pero cuando intenté incorporarla, no movía ni un músculo y volvió a caer sobre la cama».

 

-¡Dorcas! ¡Dorcas! –le gritó, pero no obtuvo respuesta. Sus pensamientos corrían de acá para allá, como ratas perseguidas por perros salvajes.

 

«La idea de quedarme viudo me aterrorizaba. Empecé a imaginarme a mi esposa amortajada y mewtida en un ataúd. Y al mismo tiempo me imaginaba lo que podría decirle a la familia cuando me preguntasen: ¿Qué le ha pasado a nuestra hija? ¿Qué le has hecho? Empecé a dejarme llevar por el miedo.

 

Aferrándose a la esperanza, Royd comprobó si respiraba. No había aliento. Aplicó el oído al corazón. No se oía latido. «Mi mujer no respiraba y el corazón se le había parado. Fue entonces cuando me di cuenta de que estaba muerta».

 

Corrió a la casa de la amiga con la que su mujer había ido al funeral para pedirle ayuda y trasladar a su mujer al hospital, pero no estaba en casa, así que volvió tremendamente angustiado.

 

En aquel momento de desesperación,

 

NEXT
PREVIOUS
AGREGUE SU TESTIMONIO
Uploading your video...