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¡Un Parto Rápido y Seguro Gracias al Agua de la Mañana!

  • By Cynthia Chidubem Onyia
  • / Abr 4, 2017
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«Asegúrate de llevarla contigo cuando vayas al hospital», le dijo su madre. Poco después, la hija daba a luz una preciosa y sana niña. ¿A qué podía referirse su madre?

La Calcomanía de la Unción no es una pegatina más.

Cynthia Chidubem Onyia lo descubrió por sí misma cuando dio a luz a una preciosa niña rebosante de salud. «Asegúrate de llevarla contigo cuando vayas al hospital», le había dicho su madre antes de que naciera su hija.

Había dejado la Calcomanía en cualquier parte, porque no estaba convencida de que significara mucho, pero tras el consejo, decidió complacer a su madre. «Me dije: “Bueno, la obedeceré sin más, aunque no tengo fe en esas cosas». Lo que Cynthia no sabía era que con ello se estaba apuntando a la lista de los milagros.

Había llegado la noche del día previsto para el parto. A pesar de su voluminoso vientre, había logrado hacer todas las tareas, y en un momento dado, sintió «un débil signo de que el parto de acercaba». Pero la incertidumbre le ganó la partida. «Pensé: “por la gracia de Dios, seguramente daré a luz mañana».

Cansada, se acostó. Tenía la Calcomanía cerca de la almohada. Un minuto antes, estaba olvidada en el fondo de un cajón oscuro. La examinó. Le dio la vuelta para ver qué había por detrás. De nuevo la volvió y leyó la inscripción: «H-E-R-M-A-N-O-S B-U-E-N-O-S D-Í-A-S Q-U-E N-O-S- D-I-R-I-J-A E-L A-M-O-R». Miró la fotografía del hombre de Dios, Profeta T.B. Joshua. «Esta Calcomanía no es gran cosa», pensó, preguntándose por qué pensaría su madre que todas las mujeres que iban a dar a luz deberían tenerla.

«Entonces me la coloqué sobre el vientre, y de inmediato mi hija comenzó a moverse sin parar, y ese movimiento se transformó en una contracción. Esto empezó poco antes de las diez de la noche. ¡Cuando me subí al coche, las contracciones eran ya tan fuertes que tuve miedo de dar a luz a mi hija allí mismo!»

Cynthia llegó al hospital en el estado de Enugu, Nigeria, casi a las once de la noche, y fue conducida directamente al paritorio. «¡Espera! ¡No empujes! ¡Espera que me pongo los guantes!», le rogó la doctora que la atendía. De una caja sacó un par de guantes de latex, se los colocó y dijo: «¡Ahora!» No tuvo que repetírselo. «¡Inmediatamente, con un solo empujón, salió la niña!», recuerda entusiasmada Cynthia.

Pero había algo que no quería salir. «La doctora y las comadronas intentaban hacer salir la placenta, pero no había modo. Me administraron varios medicamentos, pero sin resultados. Al final estaban a punto de perder la esperanza. Les oí decir: “¡Oh, no! ¿Qué clase de parto es este? ¿Qué mal hay aquí?” Pero yo no tenía miedo porque mi fe acudiría en mi ayuda. De hecho, yo me estaba riendo del diablo.»

Lo había visto funcionar una vez. Volvería a lograrlo. «Por favor, díganle a mi marido que traiga la Calcomanía de la Unción», pidió. «De inmediato la trajeron al paritorio y me la dejaron al lado. Yo le ordené a la placenta que saliera en el nombre de Jesús. La doctora miraba desde un rincón. Estaba valorando si intentarlo una vez más o llevarme directamente al quirófano para una cirugía. Cuando vio que yo había empezado a orar, comprendió que era un acto de fe: se acercó y… ¡sacó la placenta!»

 Agradecida por la victoria, Cynthia declaró que «toda la gloria le pertenece al Dios del Profeta T.B. Joshua».

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