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¡Una Prestigiosa Presentadora De Radio Y Tv En Botswana Relata Un Milagro Obrado Por El Agua De La Mañana!

  • By Miso Mmereki
  • / Mar 15, 2017
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Hubo un tiempo en el que su vida era un desastre. Hubo un tiempo en el que tuvo que enfrentarse a un desafío formidable. Un día, escuchó una declaración profética del hombre de Dios y se atrevió a creerle con todo su corazón. No es de extrañar que lograra lo imposible.

 

Famosa, con talento, trabajadora, dedicada… estos adjetivos son solo un ejemplo de los que podrían emplearse para describir a Miso Mmereki. Doce años de trabajo en televisión y radio de esta jovial presentadora la habían llevado a gozar de una tremenda popularidad. Su rostro aparecía en las páginas de revistas y periódicos. Parecía el epítome de una mujer de éxito y, sin embargo, nada más lejos de la realidad.

 

Miso era toda fachada, porque no tenía suerte. Detrás de su imagen de estrella había una realidad mucho más vacía y dominada por el «espíritu del estancamiento». Era infeliz. Aunque no bebía, ni fumaba, ni solía ir a clubes, «un estilo de vida que puede acabar con todo el dinero que gane una persona», su remuneración no era la que se merecía. Ahogada por las deudas, la humillación era una constante en su vida, y los alguaciles la perseguían por toda la ciudad, de modo que la vida de Miso había llegado peligrosamente al borde de un precipicio.

Pero «si Dios quiere que te acerques a Él, puede hacer cualquier cosa y usar cualquier método», explicó. «Y quería que yo me acercase. En un momento determinado, se dio cuenta de que yo estaba demasiado distraída para ser consciente de Él, demasiado imbuida en mi vida de televisión y radio. Fue entonces cuando decidió quitarme todo cuanto me tenía tan preocupada, y que pudiera así llegar a conocerlo». Miso estaba entrando en una fase crítica, en una tormenta que daría una forma nueva a su vida para los años venideros.

En 2010, dimitió por una serie de «malentendidos con mi jefe», y a partir de ese momento su vida comenzó a declinar. Dos semanas después de dimitir, se dio cuenta de que estaba embarazada de su hija Candle. «Los amigos con los que iba de acá para allá cuando aún estaba en la televisión y en la radio, viviendo la vida de las celebridades, me abandonaron. No tenía trabajo ni dinero. Pasaba los días encerrada en casa. Era muy doloroso que los acreedores llamaran a mi puerta uno tras otros. Mis pertenencias, mis muebles… todo pasó a otras manos. Mi nombre aparecía constantemente en los periódicos por las deudas».

 

«Rota de dolor, frustración, vergüenza y humillación», Miso comenzó a pensar en huir a Botswana. «Quería mudarme al extranjero. Ya no podía seguir sufriendo mas, y quería intentar reiniciar mi vida en otro sitio». Pero estaba empezando a ocurrir otra cosa más.

 

El vacío que sentía en el corazón comenzaba a ser insoportable. Necesitaba aliento espiritual, y buscando en la red canales de gospel, se encontró con Emmanuel TV. Había oído hablar con antelación del Profeta T.B. Joshua, pero «Nunca había prestado atención. Aquel día estuve viendo la emisión, y en días sucesivos continué haciéndolo. Cada vez más. No podía parar. Me enamoré de todo lo que iba conociendo de la Sinagoga Iglesia de Todas las Naciones (SCOAN) y de Emmanuel TV. Del Profeta, de los Evangelistas, del coro, de todo. ¡Pero lo más importante es que me enamoré de Jesucristo! El cambio que se obró en mí fue increíble, porque mi fe comenzó a crecer como el fuego crece en la hierba seca». Orando y adorando al Señor con el hombre de Dios, Miso comenzó a albergar la esperanza de tener la ocasión de visitar la Iglesia, pero por desgracia, el coste del billete de avión estaba fuera de sus posibilidades.

 

El año 2012 comenzó siendo una gran promesa, pero apenas Miso le abrió la puerta, la desilusión la asaltó con un abrazo demoledor. Conoció a un británico en Facebook al que en un principio solo le unía amistad, pero la relación acabó floreciendo y quien fuera presentadora de radio y televisión no tardó en estar hablando de matrimonio y familia con él.

 

«Nos invitó a mi hija y a mí a ir al Reino Unido. Las cosas fueron bien durante las dos primeras semanas, pero de pronto, todo cambió, y la relación comenzó a hacer aguas. Discutíamos a diario, a veces con tanta vehemencia, que dejábamos de hablarnos. Yo me sentía dolida y frustrada todos los días. Otras veces, le preguntaba a Dios: ¿Por qué me has traído aquí si sabías que esto iba a ocurrir?»

 

Comenzó a reunir dinero para volver a Botswana, y en esas estaba cuando hizo un sorprendente descubrimiento: «Me di cuenta de que estaba embarazada de mi hijo menor, Lium». Cuando pasó el primer momento de la sorpresa, su cabeza se llenó de remordimientos. «Lloraba clamando a Dios, diciéndole que mi vida era un caos, que no quería volver a Botswana. ¿Cómo iba a cuidar de mis hijos? No tenía trabajo. La palabra “caos” era la que mejor definía mi situación. Mi embarazo era un caos. Muchas veces le decía a Dios: Papá, mi vida es un caos. No he podido hacerlo peor. ¡Ayúdame! Y Él me contestaba: «Tienes que volver a Botswana». Pero yo me resistía diciendo: ¡Por favor, no me mandes allí! Y todas las noches soñaba con que ya estaba en mi país. Supe entonces que Dios me estaba hablando».

 

Un día, Miso tomó el mando de la televisión y subió el volumen. Lo hacía siempre que el ruido del vecindario no le dejaba escuchar el sonido de su canal favorito. Había encendido el televisor justo a tiempo de ver la oración del Servicio Dominical. El Profeta T.B. Joshua le hablaba a la cámara: «Espectadores del mundo, me escuchen desde donde me escuchen, estén pasando lo que estén pasando, sea cual sea su situación. No importa lo que sea, ni en qué circunstancia estén inmersos. NO ME IMPORTA EL CAOS EN QUE SE HALLEN SUMIDOS. ¡ESE CAOS REPRESENTA UNA OPORTUNIDAD!»

 

Sus pensamientos se quedaron congelados, y pensó: «¿Caos? ¡Dios mío, qué palabra! ¡Esa palabra me suena! ¡La conozco bien! Es la palabra exacta que yo utilizo al orar. ¡La misma palabra! ¡Y el hombre de Dios acaba de usarla!

 

Con la pequeña Candle en los brazos y embarazada de cinco meses, Botswana parecía llamarla desde la distancia, y Mimo contestó. Pero una vez allí, las cosas siguieron sin cambiar para ella. «Seguía sin tener trabajo ni dinero. Empecé a recibir cartas del juzgado y de las empresas con las que estaba endeudada». Pero siguió viendo Emmanuel TV fielmente, siguió orando con el Profeta y tocando la pantalla como punto de contacto, convencida de que la distancia no es barrera para recibir las bendiciones de Dios.

 

«Mi fe iba creciendo, y me senté con Dios para decirle que no iba a ir a ninguna parte hasta que no recibiese noticias suyas. Quería saber qué opinaba Él de mi idea de marcharme a otro país. Le dije que quería volver al Reino Unido, pero que no lo haría hasta que Él no me hubiera hablado, y que era consciente de que existía solo un lugar en el que podría hablarme y en el que yo le escucharía con claridad. Ese lugar era La SCOAN».

 

El 18 de mayo de 2013 había miles de personas congregadas en la carpa. Todos estaban sentados siguiendo el servicio con atención a través de las diversas pantallas que había colocadas por todo el espacio. Aunque había conseguido un asiento, sus pensamientos no estaban tranquilos. Dudaba entre seguir mirando aquella enorme pantalla de televisión y su hondo deseo de entrar en el auditorio principal.

Se levantó, caminó entre las largas filas de sillas y fue en busca de un auxiliar. Era la tercera vez que hacía lo mismo. En la ocasión anterior había estado a punto de echarse a llorar mientras hablaba con él, ya que le había explicado que no podía acceder a su deseo porque la iglesia estaba ya llena. Ya empezaba a desesperar cuando «uno de los auxiliares más jóvenes llegó no sé de dónde y me pidió que lo siguiera. Yo no me lo podía creer. ¿Estaría soñando? Lo seguí y me condujo al auditorio de La SCOAN. Yo estaba loca de alegría». Estaba a punto de ver directamente al Profeta que tanto le gustaba ver en televisión.

 

«Le había dicho a Dios: Papá, Emmanuel TV lo veo desde casa. ¿Por qué voy a venir desde Botswana hasta Nigeria para seguir viéndolo en una pantalla? No estaba satisfecha. Le dije que quería entrar en el auditorio principal. Tenía fe en que, una vez dentro, mis problemas terminarían. Y cuando por fin lo logré, supe que mi vida nunca volvería a ser la misma. No me importaba si el Profeta no llegaba a tocarme. Me bastaba con poder verlo. Sabía que en cuanto lo hiciera, quedaría liberada».

 

Antes de embarcarse en aquel viaje, Mimo se había asegurado de llevar consigo

dos cosas muy importantes: por un lado, su pasaporte y el de sus dos hijos. Y por otro, una formidable fe en que Dios haría que el Profeta contestase a la pregunta de si debía marcharse al Reino Unido o quedarse en su país.

 

«Buenos días, iglesia», saludó el Profeta T.B. Joshua al acercarse al altar. «¡Buenos días, hombre de Dios!», le gritó ella entusiasmada, alzando la voz por encima de otras muchas. El Profeta comenzó a hablar a la congregación sobre el Agua de la Mañana, de cómo había sido bendecida por Dios para ministrar la liberación a Su pueblo, y Mimo absorbía cada palabra.

 

Cuando el servicio concluía, el hombre de Dios pidió a la congregación que se pusiera en pie para orar. Fue entonces cuando llegó la gran sorpresa. Mirando hacia la congregación, dijo: «Si va a viajar a otro país… si ya ha estado antes en ese país y ha vuelto… si cree que el país en el que vive no es el suyo… si cree que la casa en la que vive, su trabajo, su negocio, su relación, su futuro, su destino… si piensa que todo ello está en otro país, no se preocupe. ¡Vaya! ¡Conseguirá los documentos necesarios!».

 

Fue cuanto necesitaba oír. «¡Eso era lo que yo necesitaba! En aquel momento tuve la certeza de que Dios me había hablado. ¡La espera había terminado! Estaba lista para volver al hotel, recoger las cosas y volver a casa». Se llevó consigo el Agua de la Mañana y, al día siguiente, tomaba un avión para Botswana.

 

Con el valor que le habían infundido las palabras del Profeta, dos semanas más tarde compraba un billete solo de ida. No tenía carta de alguien invitándola a entrar en el país, ni dinero. Solo sesenta libras. Y no sabía dónde se iba a alojar. Simplemente hizo las maletas, tomó a su niñita de dos años y a su bebé de ocho meses y se puso en camino para Inglaterra.

 

«He visto a mi Profeta las veces suficientes para saber que cuando él habla, todo está hecho. ¡Todo!», decía para explicar su enorme valentía. «¿Quién en su sano juicio toma un avión con dos criaturas para atravesar medio mundo hasta el Reino Unido con un billete de ida, sin dinero, sin nada? Pero yo tenía las palabras del Profeta, y sabía que no era él sino Dios quien había hablado».

 

Cuando Miso llegó al aeropuerto de Heathrow en Londres, tomó el Agua de la Mañana, el «Arma de Destrucción Masiva», como ella la llama, la ministró sobre sus hijos, sobre los pasaportes y sobre sí misma. Estaba nerviosa al colocarse en la fila de la terminal. El corazón le iba a cien. Aun así, intentó calmarse diciendo: «Jesús está conmigo. No estoy sola».

 

No tardó en tocarle el turno. Un oficial le lanzó toda una batería de preguntas: ¿Por qué tiene un billete solo de ida? ¿Cuánto dinero tiene? ¿Conoce a alguien aquí?  ¿Por qué… por qué… por qué? Mimo no tenía respuestas satisfactorias que ofrecerle, pero habló de todos modos. «Sabía que no era yo la que respondía».

 

El oficial escribió algo en un papel y se lo entregó. Una palabra, DETENIDA, sobresalía por encima de todas las demás. No hacía falta interpretación alguna. En aquel momento, sonó la vocecita de su hija: «Mamá, quiero ir al baño». Mimo supo que era Dios entrando en acción. Llevó a la niña al lavabo y, una vez allí, empuñó de nuevo el «arma» y oró: «Oh, Dios del Profeta T.B. Joshua, aquí estoy, Señor. Te oí en La SCOAN. Tú me enviaste aquí. Me dijiste que podía venir. ¡Manifiéstate ahora! ¡Demuestra tu poder, Señor!».

 

Terminada la oración, Mimo se ministró el Agua de la mañana en la boca, en la cara y bajo los brazos, e hizo lo mismo con sus hijos. «Cuando lo recuerdo, los ojos se me llenan de lágrimas. Me di cuenta entonces del poder de Dios, y de lo mucho que ha bendecido a mi Profeta T.B. Joshua. Conocí de primera mano el  increíble poder que hay en el Agua de la Mañana».

 

Al salir del lavabo, «el caballero que me estaba ayudando en el mostrador, salió y miró a su alrededor. Al verme, me gritó: ¡Señora! ¿Dónde estaba? La he estado buscando. Déme los pasaportes. Y plas, plas, plas, estampó el sello en nuestros pasaportes. ¡BIENVENIDOS AL REINO UNIDO!»

 

Una vez ya en el país, Mimo contactó con una amiga de su país que «Dios le había enviado». Presentar la solicitud para el permiso de residencia no fue fácil, pero mantuvo la serenidad «gracias a lo que Dios me había dicho». El oficial del Ministerio del Interior quería documentos que acreditasen que Lium era ciudadano británico. Por otro lado, necesitaba hacer unas pruebas de ADN, pero no tenía dinero.

 

«Recuerda la palabra: c-a-o-s. recuerda lo que Dios te dijo cuando estabas aquí por primera vez y te sentías triste y frustrada. Te dijo: ¡EL CAOS ES TU OPORTUNIDAD! El caos del que hablaba era tu hijo». Fue a través de ese niño, que es británico, como obtuvieron la ciudadanía para ella y para Candle.

 

«Dios nos proporcionó el dinero, seiscientas libras, para las pruebas de ADN. Luego pedí el pasaporte para Lium. Una vez más, Él se ocupó de proporcionarme los medios para lograrlo. Mientras duró todo el proceso, el gobierno británico me instaló en un apartamento de tres dormitorios, pagó mis facturas e incluso me dio dinero para los gastos de cada semana».

 

Por fin, en marzo de 2016, Miso Mmereki y su hija Candle recibieron el permiso de residencia, tal y como el hombre de Dios le había dicho: «¡CONSEGUIRÁ LOS DOCUMENTOS NECESARIOS!»

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